Ana María González Garza

Semblanza

¿Cuál es mi origen? La respuesta a esta pregunta solía ser tan simple como decir "mexicana". Sin embargo, hoy en día este cuestionamiento me lleva a retomar mi historia, la verdadera razón por la cual existo y puedo manifestarme en el mundo que habito. Desde esta óptica, el principio de mi ser, estar y actuar en este aquí y ahora se remonta al proceso evolutivo histórico que se inicia con los primeros holones que conforman todo lo existente en el universo. La conjunción, interacción, armonización y amor de esas dos totalidades-parte que se unieron en un espacio y tiempo y se materializaron en el momento en el que las células de mi padre y mi madre se unieron dio origen a mi ser individual.

Llegue a este mundo siendo una chispa del amor divino como lo decía mi abuelo; un microcosmos que forma parte y participa del macrocosmos.

 

 

A lo largo del proceso evolutivo al que ahora llamo vida, el horizonte de mi consciencia se fue expandiendo a través de las experiencias -conscientes e inconscientes, positivas y negativas - en los contextos familiar, escolar, social y profesional que me fueron dejando aprendizajes significativos indelebles. No puedo dejar de mencionar la importancia que tuvieron en mi formación personal las enseñanzas y amor incondicional de mis padres, así como de aquel  inolvidable abuelo Agustín que murió cuando tenía apenas seis años, de mi abuela Ana, de mi tía Pilar y de los diez y siete años de compartir esencia y existencia con René quien dejó este mundo siendo muy joven.

 

Recuerdo que el sueño más apreciado y anhelado en mi niñez, adolescencia y juventud se centraba en el ballet. Estuve en clases de baile desde los tres años hasta que me casé a los diez y nueve, momento en que mi vida giró 180º y mi ser se consagró en formar una familia a la que amo profundamente. El proceso de desarrollo continuó a través del contacto y la amistad con Carl Rogers, así como los veinticinco años de estudio, trabajo e investigación realizados en el Departamento de Educación y Desarrollo Humano que tuve a mi cargo como directora durante ocho años en la Universidad Iberoamericana. Sin embargo, la experiencia extraordinaria que me condujo a descubrir mi esencia se la debo a Ram Dass. Fue esta vivencia la que me llevó incursionar por el apasionante mundo de lo transpersonal y la que, años más tarde, me permitió introducir este enfoque en los programas de maestría y doctorado en desarrollo humano que ofrecía la UIA. Soy consciente de que en cada etapa de mi vida mis intereses, inquietudes, gustos, expectativas, anhelos, necesidades, motivaciones, valores y temores han ido variando de acuerdo al desarrollo de mi consciencia. He atravesado por períodos egocéntricos; diferentes concepciones del significado del amor; etapas de identificación no con el ser sino con el tener; epocas en las que el apego a los seres queridos y las cosas eran la fuente de mis miedos y temores, muchos de ellos relacionados con el temor al rechazo y principalmente a la muerte de mis seres queridos. Momentos en los que la represión de mis sentimientos, emociones, pensamientos, culpas y deseos se quedaban escondidos en lo profundo de mi inconsciente conformando mi sombra, aquella a la que me refiero como el "mundo del no-ser", es decir, de todo aquello que no aceptaba de mí misma y que con mucha frecuencia proyectaba hacia el exterior.

 

Centrándome en el aquí y el ahora, después de algo más de siete décadas de juventud acumulada, mis intereses se centran en continuar en la búsqueda del ser que soy y que somos en esencia, aprender lo que no conozco, dar lo que tengo, compartir lo que experimento y convivir con mis amigos, colegas, alumnos y, muy especialmente con Carlos, nuestros siete hijos, trece nietos y tres pequeños bisnietos que iluminan mi vida, enriqueciéndola día a día con todo lo que cada uno me comparte y lo que de ellos aprendo.

 

Me gusta la lectura, me encanta la música clásica, muy especialmente de Beethoven y Wagner, que me llenan el alma. Disfruto tanto de la música griega como la española que traigo en la sangre, así como la musica folklórica mexicana y latinoamericana que también forman parte de mi historia. La danza me fascina, tanto por el recuerdo y cierta nostalgia de aquellos años en los que tuve la oportunidad de formar parte de grupos de ballet que se presentaban en algunos teatros de la Cd. de México, como por el momento en el que, hace ya muchos años, llegue a darme cuenta que mi misión era ser una bailarina que danza en el escenario de la vida y forma parte de la coreografía del Universo. La práctica del Tai-Chi-Chuan y la meditación son algo que no solamente disfruto enormemente, sino que han llegado a ser parte importante de mi vida y mi desarrollo personal.

 

Mis temores al rechazo, a la soledad, a las limitaciones que se me presentan con el devenir de los años se van disolviendo en la medida en que voy logrando trascender mis apegos y mis falsas identificaciones. El temor a la muerte también se transformó al leer algunos escritos de mi abuelo para quien la muerte deja de ser ese fantasma negro y amenazante para convertirse en un principio de nueva vida, un paso que damos para la liberación de nuestra consciencia en su tránsito hacia la Conciencia. Por supuesto, que la muerte de mis seres queridos ha sido sumamente dolorosa, que tuve que aprender a vivir el duelo de la pérdida de su presencia física, pero el miedo y el dolor se desvanece al saber que su esencia se encuentra siempre conmigo.

 

Valoro la vida, mi familia, la amistad, mis creencias, mi trabajo, la entrega, la comprensión empática, la aceptación incondicional, la congruencia, la compasión, la expresión del ser y los valores del ser o valores universales. Valoro todo aquello que conduce a la Verdad y a la realización plena de la conciencia humana en su tránsito hacia su verdadera esencia. Valoro lo que soy en el aquí y el ahora, así como aquello que puedo llegar a ser. Y, como la cantautora chilena Violeta Parra lo celebra cantando, hoy puedo decir: Doy gracias a la vida que me ha dado tanto.