Esta fase marca el paso de lo difuso a lo reflexivo, dicho en otros
términos, a la emergencia de la noosfera (pensamiento). Se trata
del surgimiento, en el corazón del individuo, de un núcleo
o foco autocentrado que marca el nacimiento de la conciencia humana
que, en su evolución, atraviesa por una serie de etapas progresivas
y subsecuentes. El cuadrante psicológico de la conciencia, que
hace su aparición aproximadamente a los cuatro años de
edad, se rige por el principio de realidad. La conciencia individual
se expande hacia una visión más amplia de la realidad
circundante. Esta expansión de la conciencia permite al individuo
percibir la influencia que el medio ambiente ejerce en su vida y darse
cuenta de la fuerza externa que rige sus acciones más en consonancia
con ésta que con sus propias necesidades y deseos, mismos que
aprende a relegar o, en el peor de los casos, a reprimir con la finalidad
de ser aceptado y amado.
Desde la perspectiva teilhardiana el proceso de individuación
propio de esta fase, constituye el primer eslabón de la cadena
evolutiva de la conciencia individual, a la que el enfoque humanista
define como: la propiedad o facultad del espíritu humano a través
de la cual el individuo es capaz de reconocerse a sí mismo en
sus atributos esenciales, propiedades, experiencias y características
personales, así como en todas aquellas transformaciones que experimenta.
Así contemplada, la conciencia se desdobla en tres sentidos:
(a) el pre-reflexivo o conciencia empírica de sí mismo,
(b) el reflexivo que corresponde a la cogitación que el sujeto
lleva a cabo sobre su propio yo ( self o sí mismo) y sobre los
modos particulares a través de los cuales se pone en relación
con los objetos y (c) el intencional en el que se lleva a cabo la relación
del yo con los objetos a los cuales se refiere. A través de ésta,
el sujeto aprehende o capta los objetos haciéndolos suyos de
un modo singular. Entre las características que el enfoque humanista
propone como propias de la conciencia individual se encuentran: la selectividad,
la habituación, la tendencia a completar figuras que percibe,
la ubicación en un tiempo lineal que transcurre secuencialmente
y la finitud. El cuadrante psicológico, que corresponde a la
etapa de diferenciación-individuación y se caracteriza
por el surgimiento de la primera sensación de identidad realmente
separada del mundo que rodea al individuo, constituyéndose como
un estadio inevitable en el proceso evolutivo por tratarse, ni más
ni menos, que del preludio de la integración futura con esferas
o cuadrantes más elevados de conciencia, marca el inicio del
camino hacia la humanización.