La Espiral de la Conciencia va más allá de las teorías
dualistas, reduccionistas, deterministas, materialistas y aun existencial-humanistas
precedentes, abriendo con ello caminos alternativos al estudio, la investigación
científica y la comprensión profunda de la conciencia
humana y de su proceso natural para lograr la plena realización
de sus potencialidades y dinamismos fundamentales. Cabe señalar
que, con el objeto de estudiar y comprender el complejo fenómeno
humano y así poder explicar su proceso evolutivo, lo que en sí
mismo constituye una unidad armónica necesita ser dividido tanto
en etapas secuenciales, como en lo que distintos teóricos han
llamado: niveles, grados o esferas. Por lo tanto, al analizar cada una
de las partes en que se divide al hombre para su estudio ha de tenerse
en mente que: (a) éstas no constituyen bloques separados sino
procesos continuos en los que la etapa anterior se integra a la siguiente
ampliando lo ya existente, (b) no se trata de etiquetas que puedan aplicarse
directamente a todos los individuos por igual y (c) no se presentan
como una teoría cerrada y rígida sino que permanecen abiertas
a nuevas propuestas y a nuevos descubrimientos sobre el fenómeno
humano que, por su naturaleza dinámica, es indefinible, impredecible
y trascendente. Cada una de las esferas de conciencia tiene una relación
estrecha con las etapas del proceso evolutivo, es decir, corresponde
a una edad específica. Sin embargo, no es posible determinar
el grado de desarrollo de la conciencia a partir de la edad cronológica
de un individuo. Tener 25 o 60 años no es garantía de
haber logrado el desarrollo de la conciencia que esta edad supone.Tanto
Wilber como Teilhard presentan el proceso evolutivo como un movimiento
continuo, ascendente y envolvente que, atravesando por diversos niveles
de conciencia, van de lo menos a lo más inclusivo. Wilber ubica
el inicio de la evolución de la conciencia humana en el fenómeno
al que se refiere como dualismo primario, es decir, el momento en el
que se establece la dualidad sujeto-objeto. Desde esta óptica,
la dualidad inicial constituye el primer eslabón de una larga
cadena de fronteras que el individuo establece entre aquello que cree
ser (auto-imagen o autoconcepto) y lo que en realidad es en esencia.
Teilhard, sitúa el punto de arranque de la conciencia humana
en el salto individual y súbito que, en el proceso de centro-complejidad,
va del instinto a las primeras manifestaciones del pensamiento. En uno
y otro caso, se observa que a partir del momento en que aparece la dualidad
yo/no-yo, se inicia una nueva etapa en la que la conciencia humana se
desenvuelve a través de un impulso semejante el movimiento de
una espiral. Desde esta perspectiva, la Espiral de la Conciencia aborda
el tema sobre la evolución de la conciencia humana no a partir
del nacimiento -como suelen plantearlo las teorías evolutivas
anteriores- sino de su origen primario , y plantea los diversos niveles
de identidad que se experimentan a lo largo del proceso evolutivo. El
tránsito de un nivel de identidad a otro, corresponde a un aprendizaje
significativo que conduce a la expansión la conciencia. Las fronteras
que separan las diversas esferas constituyen los límites que
el propio individuo establece con respecto a su autoidentidad. Conforme
la conciencia avanza en su proceso, tiene acceso a las esferas que ha
integrado y trascendido. A continuación se presenta una breve
descripción de las esferas o cuadrantes de este proceso.