Introducción
Proceso evolutivo de la conciencia

Cuadrantes:
   Arcaico. 
   Biológico.  
   Psicológico.  
   Personal.  
   Organísmico-Social.  
   Transpersonal.

Conclusión
Referencias bibliográficas

 

 

 

 

 

Espiral de la Conciencia

Introducción (continuación)

Desde esta perspectiva, el concepto de naturaleza humana que fundamenta la propuesta evolutiva que aquí se plantea, se encuentra integrada por cuatro dimensiones: (a) la biológica que corresponde a la biosfera, (b) la psicológica, que a su vez incluye el mundo racional-mental y el mundo interno, afectivo-emocional, que se ubica en la noosfera, (c) la organísmico-social que se correlaciona con la etapa de planetización planteada por Teilhard, y (d) la espiritual o transpersonal que penetra en el ámbito de la teosfera teilhardiana y de los reinos causales como Wilber se refiere a esta dimensión. Cada una de éstas contiene sus propios elementos (el cuerpo, la mente, el mundo interno de sentimientos, emociones y experiencias personales-sociales y el espíritu), funciones (biológicas, psicológicas, sociales y espirituales), necesidades básicas (físicas, psicológicas, sociales y espirituales -trascendentes), motivaciones (deficitarias, de desarrollo y meta-motivaciones) y valores (auto y altero céntricos, autorrealizantes y trascendentes), así como de las actitudes, comportamientos y modos o maneras de percibirse y de percibir, interpretar, aprehender y comprender la realidad, que de estos se derivan. Estas cuatro dimensiones forman una totalidad unificada inseparable que no puede ser comprendida plenamente fuera del contexto de una totalidad más amplia interconectada e interdependiente. Desde esta óptica, la dimensión biológica constituye la forma más altamente sintética de la materia y la más perfecta y centrada de las partículas cósmicas. La dimensión psicológica, como colectividad pensante y reflexiva, funda un reino nuevo, un todo específico y orgánico en proceso de personalización. La dimensión organísmico-social, como expresión de todos los desenvolvimientos y manifestaciones del espíritu que se hacen presentes en la emergencia de la noosfera, conduce a la transformación creadora de la vida preexistente y, la dimensión transpersonal que integra a la humanidad en su proceso convergente, se dirige hacia una región mucho más amplia, más elevada y, aunque aún inacabada, siempre en vías de ultrahominización, proceso en el cual cada vez descubre con mayor hondura su centro Omega.Teilhard afirma que en la medida en que el ser humano se interroga, se cuestiona, reflexiona, recapacita y opta, con base en el discernimiento, el juicio crítico y la comprensión, ejercita las características humanas que le son propias, distinguiéndose así de todas las demás especies y seres vivos de la naturaleza. El tránsito de la vida animal instintual a la vida humana reflexiva, al que Teilhard se refiere como la hominización, constituye un proceso progresivo continuo que va del instinto al pensamiento. En otros términos, la conciencia humana se desplaza de la hominización a la humanización, de ésta última a la personalización que implica la compenetración con todos los otros centros personales y, de ahí, a la planetización, contemplada como la etapa en la que la conciencia se reconoce, se integra y se unifica, sin confundirse, con el Omega.El enfoque humanista-transpersonal que hemos venido proponiendo a lo largo de los últimos quince años, sostiene que el desarrollo integral de la conciencia consiste en la actualización del potencial innato que se encuentra latente en cada una de las dimensiones que conforman la naturaleza humana . Este proceso integrador, al que diversos teóricos de la psique humana se refieren como: individuación (Jung, 1972); hominización (Freire, & Fiori, 1973), autoactualización (Rogers, 1966), estructura convencional (Loevinger, 1976), personalización (Teilhard de Chardin, 1967c), autorrealización (Maslow, 1982) autoactualización (Rogers, 1966, 1969, 1980) y estructura reflexivo-formal (Wilber, 1994), entre otros, se realiza en la medida en que el individuo va logrando reconocer, aceptar, simbolizar, organizar e integrar en su conciencia individual todos los elementos, características y polaridades que corresponden a su naturaleza. Estos autores coinciden al afirmar que el ser humano, de manera natural, tiende hacia la autorrealización y la trascendencia, y concuerdan al sostener que este proceso se ve afectado cuando la persona al quedarse aferrada a identidades o conceptos limitados de sí mismo, no logra completar el ciclo de identificación-desidentificación propio de cada nivel de desarrollo de la conciencia.La visión transpersonal del desarrollo humano que aquí se presenta, parte de una inquietud personal profunda por trazar nuevos horizontes y un interés específico por integrar en un mismo territorio diversos mapas relacionados con el estudio y la comprensión del complejo fenómeno humano y del desarrollo pleno de sus potencialidades. Esta propuesta se desprende de una consideración especial sobre la importancia que juegan en el proceso de desarrollo humano: la integración de las polaridades, la experiencia pura o experiencia directa, la intencionalidad, la autonomía, el significado, la espiritualidad y la religiosidad, así como en el despertar al yo nuclear, o en otras palabras, a la esencia, aquello que permanece invariable, lo verdaderamente humano.

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