Introducción
Proceso evolutivo de la conciencia

Cuadrantes:
   Arcaico. 
   Biológico.  
   Psicológico.  
   Personal.  
   Organísmico-Social.  
   Transpersonal.

Conclusión
Referencias bibliográficas

 

Conclusión

Así contemplado el proceso evolutivo, la aparición del hombre sobre la tierra permite que la evolución siga su proceso cósmico. Gracias a éste, la ascensión de la conciencia -movida por el amor-, continúa más allá de sí mismo hacia una síntesis ultrahumana. En las esferas de lo pre-viviente, el amor no existe sino que se manifiesta en una forma pre-reflexiva o instintiva, esta forma evoluciona con la emergencia de la reflexión que transforma el amor al humanizarlo. La unión personaliza en la medida en que este acercamiento de centro a centro surge espontáneamente por el amor. El amor, afirma Teilhard, realiza el milagro de sobrehumanizar al ser humano y sólo él, "... en el transcurso de una fase todavía más decisiva, puede abrirle el acceso al punto Omega" .

Desde la perspectiva humanista transpersonal, la Espiral de la Conciencia alcanza su plena realización al despertar a la Conciencia Trascendente cuya manifestación más intensa y pura es el Amor, por ser éste el que constituye la substancia misma de la unión creadora y el signo palpable de la convergencia del universo, así como la forma más sublime de la energía humana en la que la noosfera manifiesta un estado general y nuevo en la que el amor no solamente reúne las dimensiones psicológicas del mundo, sino que va más allá al cobrar conciencia de un Omega en el que la Teosfera hace su aparición. Teilhard afirma que, así como no existe más que una única Materia creada para sostener el crecimiento sucesivo de la Conciencia en el Cosmos, no existe sino "... un sólo sentimiento fundamental en la base de todas las místicas, a saber: El amor innato de la persona humana, extendido a todo el Universo " .

El pensamiento de Teilhard y de Wilber, compañeros en este apasionante recorrido por los nuevos horizontes de la conciencia, me ha llevado comprender la existencia de dos universos: uno dentro y otro fuera de nuestra piel. Dos mundos que conforman un sólo cuerpo, una totalidad indivisible en la cual todos los filamentos que conforman la trama cósmica se reúnen por y en el Amor. Cuando la piel, delicada frontera que nos separa del Omega se diluye, la luz penetra por cada uno de sus poros permeando el cuerpo, la mente y el espíritu. Así, la conciencia trasciende los espacios estrechos y se va más allá, a lo infinito, lugar en que los opuestos se conjugan. La conciencia se expande al extender las alas, el organismo vivo toca con sus plantas la firmeza del suelo y vibra ante la inmensidad del cosmos en un impulso poderoso que fluye como el torrente a reunirse en el rítmico océano de lo eterno. La dualidad desaparece, los polos se unen en el misterio del encuentro, en el milagro de la unidad en la multiplicidad. Microcosmos que enlazados en una malla conformada por miríadas de combinaciones expresan, manifiestan y experimentan lo sutil de la esencia. Vidas que se encuentran conectadas a la origen de la luz, al origen de la paz, a la fuente del amor eterno, energía luminosa del Espíritu, vibración vital, misterio de Amor que se devana entretejiendo hebras doradas en la rueca del alma iluminando el camino del encuentro

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