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Espiral de la Conciencia
Introducción
En el aquí y ahora de la humanidad el Desarrollo Humano-Transpersonal,
contemplado como un camino promotor del proceso evolutivo de la conciencia
hacia la trascendencia cobra especial importancia debido, principalmente,
al sinnúmero de cambios que enfrenta la sociedad humana contemporánea.
El ritmo acelerado de los descubrimientos en el campo de la ciencia
y de la tecnología, así como las transformaciones que
estos traen consigo, sin duda han aportado grandes beneficios a la humanidad
pero, a la vez, la han conducido a la deshumanización y a la
pérdida de los valores fundamentales, fenómeno éste
que presenta cada día una mayor complejidad por su carácter
multidimensional.Hoy en día se observa en un número creciente
de personas y grupos el resurgimiento de un interés por comprender
el complejo fenómeno humano a partir de una concepción
integradora que trascienda las fronteras entre creencias diversas, verdades
parciales, conceptos y teorías de disciplinas y corrientes que,
al aferrarse a paradigmas limitados con el objeto de explicar y definir
la naturaleza de el ser humano no hacen sino reducir lo que es irreductible,
separar lo que es inseparable y polarizar lo que constituye una unidad.Ante
esta realidad, el enfoque humnista-transpersonal sostiene que aun existe
la esperanza de una nueva etapa en la evolución de la conciencia
humana que se "traduzca en una transformación importante
en el conocimiento, en la cultura, en la ciencia y en las estructuras
sociales" . Esta corriente retoma e integra los puntos convergentes
de diversas disciplinas y corrientes que estudian al hombre, abriendo
con ello caminos alternativos a nuevas elaboraciones filosóficas,
psicológicas, pedagógicas, científicas y espirituales.
Desde esta perspectiva, la propuesta que la Espiral de la Conciencia
plantea encuentra en Teilhard de Chardin y en Ken Wilber una fuente
inspiradora y fecunda que aporta fundamentos significativos para llegar
a una comprensión más amplia, integradora y justa de esta
obra de arte original: el ser humana, así como para promover
el proceso de desarrollo del infinito potencial propio de su naturaleza,
la expansión de la conciencia hasta sus alcances más remotos
y la valoración de la experiencia humana en toda su gama de posibilidades.
La visión antropofilosófica teilhardiana y wilberiana
se deriva de una cosmovisión particular que ambos comparten al
referirse al cosmos como una unidad totalizada que se encuentra, desde
el principio de los tiempos, en un proceso irreversible de unificación.
Ambos pensadores se pronuncian por un universo en génesis que,
a lo largo del tiempo, se va constituyendo en lo que debe ser a través
de un proceso en el cual los elementos más perfectos del mundo
se van formando en medio de los menos evolucionados y a partir de los
estados inferiores de la existencia. A lo largo de este proceso que
responde a la ley teilhardiana de la centro-complejidad-conciencia todas
las cosas y los seres vivos se desplazan conjuntamente en un espacio-tiempo
en el que la realidad, en constante movimiento se va tornando más
y más centrada, compleja y consciente, alcanzando así
niveles superiores de interiorización (conciencia) cada vez más
inclusivos, más ordenados, siempre constituyendo redes más
amplias y más profundas, hasta llegar a la conciencia refleja
que distingue el ser humano del resto de los seres vivos, característica
ésta que le permite acceder a niveles más complejos, más
centrados y más conscientes que se dirigen hacia el Omega: Centro
cósmico universal, Polo superior de humanización y personalización
que actúa como el imán que atrae a todos los holones,
desde los más simples hasta los más complejos. Constituye
el Omega de todos los omegas, el Final de todos los finales, la disolución
de la dualidad.De esta visión de cosmogénesis se desprende
la propuesta antropo-filosófica en la que la Espiral de la Conciencia
sienta sus bases. Para Teilhard, el tránsito de lo difuso (biosfera)
a lo reflexivo (noosfera) consiste en el surgimiento, en el corazón
del individuo, de un núcleo o foco centrado, en otras palabras,
de un ego de orden personal que marca una serie de nuevos fenómenos
en las fases progresivas subsecuentes de la Centrogénesis. El
salto de la vida biológica a la hominización se debe al
fenómeno psíquico de la reflexión que permite al
hombre replegarse sobre el sí mismo que aparece en su conciencia.
Es decir, el hombre se sabe y sabe que sabe. Teilhard se refiere a este
salto cuántico en el proceso evolutivo del cosmos diciendo:
"Con la aparición del hombre, no sólo el cosmos
florece en él, sino que la vida alcanza un estado nuevo, o
mejor dicho, una nueva naturaleza. El hombre es en sí un ser
en proceso, un ser inacabado que experimenta una gran pasión
por crecer, por ser más; un hambre insaciable por saber, por
hacer; una sed infinita de eternidad, de plenitud y un deseo profundo
de completarse por medio de algo que lo sea todo. Se alza como la
rama principal del árbol de la vida terrestre, se constituye
a la vez como centro de perspectiva y centro o elemento de estabilización,
de fijación y de construcción del universo. De aquí
se desprende que la trascendencia del hombre se encuentre dialécticamente
ligada a su inserción en el universo. Como microcosmos, se
encuentra en correspondencia y en resonancia con el cosmos entero"
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