Introducción

(a) Etapa Clásica
(b) Etapa Renacentista
(c) Etapa Romática
(d) Etapa Contemporánea
(e) Etapa Holística
Misión, objetivos y principios
Bases Antropo-Filosóficas
Bases Psico-pedagógicas

Referencias bibliográficas

 

 

 

 

 

 

Humanismo y Educación (1)

E. Etapa Holística

Bases Antropo-Filosóficas.

Considerando que toda antropología se desprende de una cosmovisión, el enfoque humanista integral retoma las propuestas de pensadores de la talla de Teilhard de Chardín, Ken Wilber y María Montessori quienes, entre otros, contribuyen de manera importante a la concepción moderna de la cosmología, al adentrarse en el misterio del cosmos al que describen como una unidad totalizada que se encuentra en un proceso irreversible de unificación. Esta visión, que trasciende la postura del positivismo, sostiene que la vida y el hombre forman parte de un proceso evolutivo en que el universo no ha alcanzado aún el término de su evolución. Vida y hombre, siguiendo el eje evolutivo principal, tienden a un estado de síntesis máxima en la que concurren tanto las energías cósmicas como las humanas.

Esta nueva visión del mundo y del hombre que trasciende el reduccionismo del paradigma newtoniano-cartesiano, es el resultado de más de cincuenta años de investigación en el campo de la ciencia. Exponentes de la física cuántica como David Bohm con su teoría de la totalidad y el orden implicado, David Peat con su propuesta sobre la sincronicidad y Karl Pribam a través de su modelo holográfico, entre otros, sientan las bases del nuevo paradigma que afirma que nada puede ser comprendido plenamente fuera del contexto de una totalidad interrelacionada e interdependiente. De este principio se desprende que todo tiene su origen en la misma realidad universal creadora de vida. Esta realidad unificada e infinita, no es el resultado de la suma de sus partes, debido a que integra y trasciende todas sus expresiones y manifestaciones.

La cultura, según Freire, trae consigo la expresión objetiva del espíritu humano, a través de la cual se descubre al hombre como responsable de la historia. Este pensamiento coincide con la tesis telhardiana que “... inserta al ser humano en el núcleo del movimiento cósmico y en el centro de la historia universal invitándolo a consumar la unificación del mundo en la unanimidad de las conciencias individuales” (5). Es precisamente a través de la unión de las conciencias que los avances de la persona en la existencia se reúnen e intervienen profundamente en el proceso y perfeccionamiento global de la historia. A partir de esta óptica, sugiere Teilhard, la evolución continúa en el hombre y con el hombre, se extiende más allá de las estructuras orgánicas y avanza a través de los procesos de desarrollo y refinamiento de orden psicológico. Asi contemplada la antropología se constituye como una antropogénesis por ser ésta la ciencia consagrada al estudio de la génesis humana y del desarrollo ulterior del hombre.

Desde esta perspectiva, la educación holística se adhiere a esta visión de cosmogénesis que da origen a una concepción integradora de la natualeza humana. Ésta parte de la premisa de la unicidad del hombre en su ser y su quehacer en el mundo, característica que le hace irrepetible e insustituible. La experiencia de ser uno mismo conduce al descubrimiento del sentido y la finalidad de la vida, así como a cobrar consciencia de sí mismo, de su desarrollo y de la realidad. La concepción holística de la realidad conduce al reconocimiento del valor único de cada ser vivo; a la veneración a la vida; a la resignificación de la búsqueda de la verdad; a la compasión y al amor trascendente por todo lo creado. De aquí se desprende que la cosmogénesis y la antropogénesis representan el fundamento y el principio unificante, o en otros términos, la esencia verdadera de la educación en todas sus manifestaciones. Este enfoque plantea que cuando la persona ha sido capaz de desarrollar el potencial innato propio de su naturaleza, se encuentra en posibilidad de descubrir su esencia original.

Entre las principales fuentes de influencia que fundamentan la propuesta educativa holística se encuentran:

1. La corriente fenomenológica representada por el pensamiento de Husserl para quien el fenómeno indica no sólo lo que se manifiesta al hombre condicionado por las formas de la intuición y las categorías del entendimiento -como lo sostenía Kant-, sino lo que aparece o se manifiesta en sí mismo, es decir, como es en su esencia. La fenomenología pura o trascendental, también conocida como "la ciencia de las esencias" que propone Husserl encuentra crédito en pensadores y filósofos contemporáneos como: Nicolai Hartmann (1955) que lo utiliza para fundar su realismo metafísico, Max Scheler (2000) quien sustenta su tesis sobre el puesto del hombre en el cosmos y el papel central que el espíritu humano que, por ser aquello que diferencia al ser humano de resto de las formas de vida, le otorga una posición específica en el universo y Heidegger (1962) quien lo emplea como método para su ontología. Asimismo, retoma el pensamiento de Martin Heidegger quien plantea las bases de la corriente existencialista y afirma que las posibilidades pierden su connotación negativa al contemplarse como potencias tendientes y destinadas a realizarse. Esta transformación de lo posible en potencia surge cuando las posibilidades existenciales se fundan en la Realidad absoluta. Realidad que transforma a las posibilidades en perspectivas de éxito ya que les concede una garantía absoluta y trascendente.

2. El pensamiento fenomenológico y la cosmovisión de Teilhard de Chardin que trasciende las propuestas evolutivas basadas en la biología, al ofrecer una explicación de los aspectos creativos de la evolución dinámica y unitaria del universo. Teilhard contempla el desarrollo de la humanidad a partir del amanecer del tiempo como íntimamente ligado al surgimiento de una conciencia crítica, autorreflexiva y consecuentemente libre, que a su vez se relaciona con el desarrollo de una autoconciencia cósmica. La cosmogénesis teilhardiana consiste en un proceso que se rige por la ley de la complejidad o de la centro-complejidad que proclama que en el desarrollo evolutivo cósmico se van dando sucesivamente elementos constituidos por agrupamientos cada vez más complejos y centrados. A medida que estos presentan una mayor complejidad y centración, la conciencia se expande. Por lo tanto, sostiene Teilhard, “... primero, apareció la vida y, luego la conciencia refleja, el hombre" (6). La naturaleza auto-reflexiva del conocimiento humano es posible gracias a una conciencia potencialmente libre de elegir su camino, capaz de mirar hacia el futuro y planear su destino; una conciencia autocrítica capaz de darse cuenta de sus niveles de desarrollo, así como de su natural tendencia y atracción hacia la unidad.

3. Las tradiciones espirituales constituyen un tercer elemento de influencia en lo que se refiere al principio de interrelación de todo lo creado y a la comprensión de la realidad como conciencia, así como en el especial hincapié que éstas hacen sobre la unidad en la multiplicidad que, de acuerdo al pensamiento teilhardiano, se da a partir de la búsqueda de una conciencia personal más elevada que trasciende los niveles menos evolucionados y tiende a realizarse en la Unidad.
Consideramos conveniente señalar que si bien las tradiciones espirituales ejercen una influencia importante en la fundamentación de la educación holística, ésta no privilegia ni pretende hacer procelitismo sobre ninguna religión o iglesia establecida. Parte del principio de un absoluto respeto a las diferencias individuales, realza las semejanzas y acepta las divergencias.

4. La Filosofía Perenne cuyas primeras expresiones datan de hace más de veinticinco siglos, contiene elementos rudimentarios de la metafísica, la psicología y la ética. Se manifiesta prácticamente idéntica a través de las culturas y las tradiciones espirituales de todas las épocas y sostiene que la realidad no es unidimensional sino que se encuentra conformada por distintas dimensiones que se encadenan sucesivamente de lo menos a lo más inclusivo, de lo insensible a lo sensible, de lo sensible a lo racional, de lo racional a lo intuitivo y de lo humano a lo espiritual, lo trascendente, lo superconsciente. Wilber sostiene que la afirmación fundamental de la filosofía perenne es que todo ser humano, hombre o mujer, puede crecer y desarrollarse a lo largo del proceso al que llamamos vida y llegar a realizar la "suprema identidad con la Divinidad, el ens perfectissimus que constituye el principal anhelo de todo nuestro crecimiento y evolución"(7).

Huxley (8) considera que la Filosofía Perenne contiene cuatro elementos esenciales que son los que conforman su núcleo:

  1. El mundo fenoménico de la materia y la conciencia individual.
  2. La completa unión entre el conocedor y lo conocido. Esto significa que todo ser humano tiene la capacidad de percibir la existencia de la totalidad a través de la intuición que, como es sabido, trasciende el razonamiento intelectual.
  3. La certeza de ser humano posee una conciencia personal (ego fenoménico) y una conciencia espiritual que consituye la chispa divina que reside en su interior.
  4. La naturaleza espiritual que es la que le permite, a través de la unificación con el espíritu, llegar a la unión con el fundamento divino del que forma parte y participa.

Desde esta perspectiva, el sentido y fin último de la vida del ser humano sobre la tierra es llegar a una plena identificación con la substancia y origen de todo lo existente y, de esta manera, acceder a un conocimiento unificado del fundamento divino del cual toda realidad toma su esencia y su existencia.

Una fuente de influencia que no puede dejarse de mencionar por la importancia que tiene en la visión holística de la educación es la psicología transpersonal o cuarta fuerza de la psicología contemporánea como también se le conoce. F. Vaughn (9) sostiene que la educación se relaciona en primer término con el estudio y evolución de la conciencia y la búsqueda espiritual a la que considera como un aspecto esencial de la vida humana. Esta corriente psicológica se caracteriza por un especial interés y una consideración particular por el estudio y la expansión del campo de la investigación -empírica y científica- de los estados de salud y bienestar psicológico, así como por una clara intención de alcanzar una comprensión más profunda del llamado impulso trascendental y una inquietud encaminada a promover el desarrollo integral de la conciencia en sus dimensiones bio-psico-social-espiritual. El enfoque transpersonal constituye un movimiento interdisciplinar que, adoptando una epistemología ecléctica, incluye lo personal y lo espiritual; lo antiguo y lo moderno; lo oriental y lo occidental; el conocimiento y la sabiduría, la religiosidad, la espiritualidad y la ciencia; la observación sensorial y la introspección. Lajoie & Shapiro (1992) presentan los cinco temas más relevantes en los que las diversas definiciones que se han dado sobre esta corriente psicológica convergen. Estos son: (a) la evolución de la conciencia: estados, etapas y niveles de desarrollo, (b) el potencial humano último o más elevado, (c) la tendencia natural del ser humano a ir más allá del ego o del sí mismo, (d) la espiritualidad y (e) la trascendencia. Conviene mencionar que la corriente transpersonal no surge como una reacción en contra de las escuelas psicológicas que le preceden, sino que reconociendo sus semejanzas y celebrando sus diferencias, pretende lograr una integración o, como lo expresa Wilber (1994), una perspectiva global que permita determinar el enfoque que resulta más adecuado para cada persona y cada caso en particular. Stanley Krippner, William James, Carl G. Jung y Roberto Assagioli se encuentran entre los precursores de este enfoque actualmente representado por: Ken Wilber, Charles Tart, Roger Walsh, Stanislav Grof y Frances Vaughan, entre otros exponentes de esta teoría.

En la Ciudad de México, en el año de 1986, A. M. González Garza, desarrolla la primera aplicación de esta corriente psicológica al campo del desarrollo humano y la educación, con el objeto de promover una acción educativa dirigida al proceso evolutivo de la conciencia. La educación, desde esta perspectiva, se contempla como un proceso contínuo de descubrimiento y trascendencia del self o sí mismo. Como disciplina, ésta se relaciona estrechamente con el conocimiento y el descubrimiento de la verdad y con el proceso de formación valoral, de significado y de propósito. Asimismo, reconoce y afirma la validez de la experiencia subjetiva como elemento esencial tanto para el autodescubrimiento como para determinar la naturaleza de la realidad.


(5) González Garza. 2003. p.64.
(6) Anaya, 1994. p.26.
(7) Wilber. 1995.p.346.
(8) Huxley. 1995.p.343.
(9) F.Vaughn, 1970.

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