El enfoque Humanista-Transpersonal se constituye como una corriente
educativa que pretende alcanzar una comprensión más amplia,
profunda y rica del complejo fenómeno humano y de su realidad,
así como de promover y facilitar el desarrollo del infinito potencial
propio de su naturaleza, la expansión de la conciencia hasta
sus últimas instancias y la valoración de la experiencia
humana en toda su gama de posibilidades.
Los principios antropo-filosóficos de los que se desprende esta
corriente sostienen que la naturaleza humana se contempla como una unidad
bio-psico-social-espiritual que tiende, naturalmente, a completar la
unificación del mundo a través de la unión de las
conciencias individuales en su tránsito hacia el Punto Omega:
Centro de convergencia universal.
Partiendo de esta premisa, el desarrollo humano se contempla como el
proceso de transformación que ocurre en el individuo, desde el
momento de la concepción, hasta la plena madurez, entendida ésta
como la realización integral de las potencialidades y facultades
innatas. Este proceso incluye: a) el desarrollo físico , que
se refiere a los cambios que el cuerpo sufre en su proceso de maduración
(dimensión biológica), b) el desarrollo psicológico
que incluye los cambios que ocurren en la personalidad del individuo,
como resultado del desarrollo de la potencia cognoscitiva y del desenvolvimiento
del mundo interno afectivo-emocional (dimensión psicológica),
c) el desarrollo social en el que ocurren los cambios en la interacción
e interrelación del individuo con los demás (dimensión
social) y, d) el desarrollo espiritual , que se refiere a los cambios
que resultan de la integración de las polaridades, de la significación
de los valores más elevados y de los procesos de identificación
con y desidentificación de: los elementos, funciones, símbolos,
necesidades, modos de concienciamiento, valores, actitudes, etc., que
corresponden a las dimensiones humanas menos evolucionadas. Las transformaciones
que, de acuerdo a este enfoque, tienden de manera natural hacia la autorrealización
o la actualización de los dinamismos humanos fundamentales, se
deben a los procesos de maduración y de aprendizaje.
Así contemplado, el humanismo-transpersonal enfatiza la importancia
del desarrollo de las potencias y facultades que residen en cada una
de las dimensiones que conforman la naturaleza humana, así como
de los procesos de autorrealización y de trascendencia.
?La autorrealización se contempla como un proceso progresivo,
individual, responsable y liberador que permite a la persona ir más
allá del mundo material, así como lograr una síntesis
que integre a su sí mismo las polaridades y dicotomías
entre las que se encuentran: cuerpo-mente, razón-intuición,
femenino-masculino, materia-espíritu, sujeto-objeto, yo-tú,
nosotros-los otros, organismo-mundo y mundo-cosmos. La unificación
de los opuestos constituye el camino de la autorrealización.
El término trascendencia, en su sentido más general, se
refiere a la existencia de una realidad última -considerada como
ser exterior al mundo- de la cual la realidad sensible o terrena es
una manifestación. Otro significado común es el que define
a la trascendencia como un acto cualquiera a través del cual
el ser humano va más allá de sí mismo, elevándose
a una etapa evolutiva más elevada. Este trascender las fronteras
que limitan la voluntad, el conocimiento y la acción de la persona
humana, le permiten salir de sí mismo para llegar al encuentro
con el otro, con los otros y con lo Otro. El humanismo-transpersonal
contempla a la trascendencia como un fenómeno intrínsecamente
humano. Es decir, toda persona, en su proceso de autorrealización,
tiende naturalmente hacia el desarrollo del potencial contenido en cada
una de las dimensiones propias de su naturaleza. La realización
de las potencias trascendentes es lo que constituye el fin más
noble y elevado al que el hombre puede aspirar y elegir. Esto significa
que el ser humano puede optar por seguir esta tendencia natural y ser
en comunicación con todo lo que es, ha sido y será, o
puede elegir ignorar el común denominador de los seres que integramos
el universo, permaneciendo entonces como ausente del perfecto orden
cósmico.
El enfoque Humanista-Transpersonal plantea que el ser humano, a lo largo
de su proceso evolutivo, se trasciende a sí mismo -en cuanto
a su conciencia personal y su conciencia transpersonal se refiere- con
el objeto de poder despertar, en un acto de amor y de libertad consciente
y responsable, a la conciencia de unidad. En otras palabras, toda persona
es capaz de trascender las condiciones y situaciones que la vida le
presenta, así como las fronteras que ella misma establece a lo
largo su proceso de búsqueda de una identidad personal, entre
su ser limitado (conciencia personal) y el ser esencial (Conciencia
Trascendente). Por lo tanto, en su acción trascendental la persona
no tiende hacia un ser ajeno o lejano, sino hacia la dilusión
de las demarcaciones entre el yo parcial y el yo esencial, de-velando
y así re-velando el ser que se es en esencia. Por consiguiente,
el ser humano que descubre su presencia en el universo, tiende como
un proceso natural a trascender las fronteras que él mismo u
otros le han impuesto en el transcurso de su existencia, logrando con
ello la realización plena de su potencial innato.